
Cada 25 de noviembre conmemoramos el Día internacional para la eliminación de la violencia contra la mujer. Se eligió esta fecha porque el 25 de noviembre de 1960, tres hermanas dominicanas, Patria, Minerva y María Teresa Mirabal, opositoras al régimen dictatorial de Trujillo, fueron secuestradas, torturadas y asesinadas y, para simular un accidente, sus cadáveres fueron arrojados dentro de un coche por un barranco.
La delincuencia machista es un término que no aparece en los Códigos Penales como categoría jurídica, pero describe perfectamente este fenómeno criminal y ayuda a entender la violencia machista como delito y como problema social. Hace referencia al conjunto de comportamientos delictivos que se ejercen sobre una mujer por razones de género y basados en ideas machistas toleradas socialmente durante siglos: desigualdad, posesión, control, celos, dominación, desprecio, violencia. No es un fenómeno aislado, sino que forma parte de una estructura social que da más poder a los hombres que a las mujeres en lo económico, político y social. Durante siglos, la ley, la religión y la cultura avalaron esta desigualdad. Aunque muchas de esas normas se han eliminado, sus efectos persisten.
A las y los más jóvenes debemos explicarles lo que ha conseguido la lucha feminista. Tienen que saber que en España las mujeres no teníamos derecho a votar hasta 1931; necesitábamos permiso de nuestro tutor (primero el padre y después el marido) para trabajar, abrir una cuenta bancaria, administrar nuestras propiedades o viajar hasta 1975; no podíamos usar anticonceptivos hasta 1978; no teníamos derecho a divorciarnos hasta 1981; no teníamos derecho a abortar hasta 1985; la violación dentro del matrimonio no se consideraba delito hasta 1992, pero el adulterio femenino se consideraba delito hasta 1978, etc., etc., etc. La Ley para la igualdad efectiva de mujeres y hombres se aprobó en 2007.
Debemos explicarles que no deben permitir que nadie pretenda que se avergüencen de ser feministas. Para defenderlo, basta recurrir al Diccionario de la Real Academia Española: el feminismo defiende la igualdad de derechos y de oportunidades entre mujeres y hombres y lucha por la realización efectiva de esa igualdad en todos los órdenes. A ellos, debemos explicarles que les engañan quienes intentan convencerles de que los avances en los derechos de las mujeres son una amenaza para los derechos de los hombres. Más igualdad no significa menos derechos para los hombres, significa una sociedad más justa. El feminismo no enfrenta géneros, libera y beneficia a toda la sociedad.
La delincuencia machista mata: 39 mujeres asesinadas, víctimas de violencia de género, en lo que llevamos de año, y 3 niñas y niños asesinados, víctimas de violencia vicaria. Cada manifestación y cada condena por cada nueva víctima no hacen sino constatar que estamos fallando como sociedad. Han pasado 21 años desde la aprobación de la Ley integral contra la Violencia de Género y el número de víctimas mortales continúa siendo sostenido a lo largo de los años.
No normalicemos lo que es inaceptable. Porque la única cifra asumible para una sociedad igualitaria es CERO.
La delincuencia machista, además de matar, también enferma. Ya no utiliza, métodos como aquellos de quemarnos en hogueras, arrojarnos por acantilados o encerrarnos de por vida en castillos o monasterios. Pero utiliza otros, como:
La violencia sexual: trata, violaciones, abusos, agresiones, mutilación genital, acoso sexual.
La violencia física: agresiones, lesiones.
La violencia psicológica: amenazas, coacciones, intimidación, hostigamiento, humillaciones, control, aislamiento.
La violencia económica.
La violencia digital.
Establecer las cifras exactas de estas víctimas es imposible. De las pocas cifras oficiales que hemos encontrado, recordar que en este momento hay en España 105.509 mujeres y adolescentes con protección policial activa.
En el mundo laboral, la delincuencia machista actúa disfrazándose de superioridad jerárquica, de estructura, de aparato, de política de empresa, de necesidades de servicio, etc., etc. Pero a quienes representamos a las mujeres trabajadoras no van a conseguir engañarnos. Tenemos claro que es delincuencia machista situaciones que muchas mujeres trabajadoras hemos vivido cuando hemos cuestionado el patriarcado: brecha salarial, acoso, que se nos juzgue por nuestro aspecto físico o por nuestra forma de vestir, que se extiendan rumores sobre nuestra sexualidad o nuestra vida privada, que se nos desacredite a nuestras espaldas sin que podamos defendernos, que se cuestione nuestra salud mental, que se nos señale por decisiones adoptadas por más personas, que se decida sobre nuestra vida laboral sin consultarnos, que se nos aísle. Podríamos llenar folios y folios con ejemplos reales. Hasta que enfermamos, y tenemos que elegir curarnos, y consiguen su objetivo: apartarnos, porque resultamos incómodas y son incapaces de hacernos frente con métodos legítimos en el ámbito laboral. Lo más desolador es comprobar cómo la delincuencia machista en los centros de trabajo cuenta con cómplices, personas necias que justifican y reproducen su argumentario y personas cobardes, que prefieren mirar hacia otro lado. Hoy algunas de ellas acudirán a las manifestaciones y se declararán muy feministas. Ojalá encuentren un momento para acordarse de las víctimas a las que ni siquiera quisieron escuchar, y a las que fueron incapaces de proteger adecuadamente.
La delincuencia machista es una lacra social, y como tal, su erradicación nos compete a todas y a todos. Reclamemos a las Administraciones Públicas políticas eficaces y, como ciudadanas y ciudadanos, no sólo hoy 25 N, sino cada uno y todos los días, mostremos TOLERANCIA CERO CONTRA LA DELINCUENCIA MACHISTA.